La rutina impuesta o mecanizada del trabajo hacía que los días fueran tediosos y pesados. Aquel lobby del hotel siempre pulcro y ruidoso donde trabajaba no alcanzaba para entretener su mente inquieta. Se llamaba Satielf y era forastero, era solitario, de buen caracter y muy enérgico; sentía una histeria perturbadora cuando no había suficiente movimiento de huéspedes o visitantes.Le gustaba la adrenalina pero la medía apretando los puños y los dientes, le gustaba la música de las carcajadas ajenas y los acordes de los cubiertos. Prefería siempre hacer contacto visual con los demás antes de abrir la boca para decir lo que fuera. Era extranjero antes. Y es extranjero también ahora. Lo es también allá donde nació.
Un mañana gris de septiembre cuando es más común mojarse varias veces en el día con la lluvia llegó hasta el lobby la familia Seyerouy, mojados, silenciosos, de aspecto humilde. Eran 5 personas ,mamá, papá, abuela,hijo mayor y ella; la más pequeña de la familia que desde que subió los 6 escalones hacia el lobby apuntó su mirada hacia Satielf.....y no la desenfocó. Unos quince metros separaban la entrada del escritorio donde el extranjero recibía con una sonrisa a los visitantes y la niña los recorrió iluminada por un anillo de fantasía con la figura de un hada con alitas de silicón y cristales multicolores......se deslizó levitando y venciendo las corrientes de aire que traían la bruma que arreciaba y entonces los destellos de su anillo le cubrieron el rostro de flashes.
-Me llamo Alondra ¿y tu?
-Yo soy Satielf-respondió él
-Vengo con mi familia, es la primera vez que visito el mar....estoy muy contenta- replicó con una gran naturalidad
-Que bien hablas, te felicito Alondra.
La niña le contó sobre las calificaciones de la escuela y le dijo los nombres de sus 5 pecesitos y de su tortuga que se llamaba Leinad, también le contó algo sobre su abuela que él no pudo comprender porque justamente ella lo distrajo tendiendole un pañuelo desechable, todo pareció paralizarse en aquel momento y un zumbido tenue afecto los oídos de Satielf que acababa de darse cuenta al palparse las mejillas que lloraba descontroladamente. Cuando miró a los padres de Alondra también lloraban ,y la abuela una señora muy arrugada con mirada de adolescente que le secaba las lágrimas le decía:
-Dulce criatura eres un buen hombre, a ti seguro te aman mucho.
Alondra dió la vuelta hacia la silla de Satielf y lo abrazó y solo entonces él pudo exhalar todo el aire que lo asfixiaba. Fué el abrazo más consolador y enérgico que un niño jamás le había permitido. Fúe un momento sublime de rendición ante la gigante Alondra y su anillo de luces mágicas. Fué la experiencia mas hipnótica y bella, aquel día en que Satielf habló con Alondra con lenguaje de señas para sordomudos.
FLEITADAS POR DANIEL FLEITAS
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