DIVERSIDAD RELIGIOSA




Un conmovedor pedido de ayuda de un refugiado iraní gay en Malasia está echando luz sobre la desesperación y el temor que experimentan los homosexuales en Irán y acerca de aquellos que han tenido que escapar a otros países para intentar salvar sus vidas.
La carta, escrita por un joven gay de nombre SEPEHR, narra la descorazonada historia de la vida de un homosexual en Irán y del sufrimiento causado por la necesidad de huir a otro país para escapar de la persecución y hasta de la muerte.
El pedido de ayuda de este iraní gay y refugiado se hace eco de la situación apremiante de otros gays y lesbianas que se encuentran atrapados en Irán bajo amenaza de muerte si su orientación sexual es descubierta. En relación con esta noticia, miembros de la Unión de Estudiantes de Irlanda realizaron un llamamiento al gobierno iraní esta semana para que se detengan las ejecuciones de dos hombres por sospecha de ser homosexuales. Los dos jóvenes, identificados como Tayyeb Karimi y Yazdan, han sido condenados bajo el Articulo 110 del Código Penal de Irán que establece que los hombres que mantengan relaciones homosexuales "serán ejecutados" El pasado mes de septiembre, el presidente de Irán Mahmoud Ahmadinejad, dijo en un discurso en la Universidad de Columbia en New York que "en nuestro país no tenemos homosexuales como ustedes. La homosexualidad no existe en nuestro país".
En el año 2005, Irán enfrentó una protesta pública luego de la ejecución de dos adolescentes. De acuerdo al London Times, los dos adolescentes fueron mantenidos en prisión durante14 meses antes de ser ejecutados, luego de haber sido torturados y golpeados en repetidas oportunidades. Aquí debajo pueden leerse algunos pasajes de la carta del joven iraní gay que tuvo que huir de su país por temor a ser torturado o ejecutado. El joven, que solo se identificó con el alias Sepehr, logró llegar a Malasia, donde solicitó asilo político.
La carta fue enviada a la Organización Iraní Queer en Toronto y fue publicada el jueves. “Mi nombre es Sepehr [alias]. Nací y crecí en Irán, un país que asesina a la gente por enamorarse. Mi gobierno asesina a homosexuales porque nos considera enemigos de DIOS. Mi presidente niega nuestra existencia como seres humanos cuando declaró que no había homosexuales en Irán durante su discurso en la Universidad de Columbia. Si él dice que no hay homosexuales en Irán es porque no podemos mostrarnos. Debemos mantenernos escondidos porque si nos encuentran, nos ejecutan. Siempre me sentí marginado y mis amigos y conocidos siempre han cuestionado mis sentimientos, pero yo no puedo cambiar quien soy. Cuando empecé la escuela, comenzaron los abusos, los cuales me dejaron cicatrices emocionales. Luego conocí a alguien que cambió mi vida. El sentimiento que existía entre nosotros finalmente le dio sentido a mi vida. Pero esto nos costó ser golpeados y esposados por las autoridades escolares. Por un tiempo intenté ‘enderezarme’. Eventualmente fui a ver a un doctor y me di cuenta que esta era mi naturaleza y no un virus. Este fue el momento en el que me di cuenta que yo tenía derecho a tener mi propia vida. Pero los efectos de mi identidad sexual me habían vuelto a atrapar y este período de mi vida se terminó. Otra vez la tristeza, otra vez la soledad. Mi familia me abandonó sólo porque amo a las personas de mi mismo sexo. Abandoné Irán tomando un autobús hasta Pakistán porque estaba recibiendo amenazas. Si me arrestaban, corría el riesgo de ser ejecutado sin derecho a juicio. De Pakistán fui hasta Zimbabwe y finalmente llegué a Malasia en mayo del 2007 donde solicité un asilo político. Luego de casi un año, ya he completado mi segunda entrevista y estoy esperando la resolución de mi caso. Durante ocho meses estuve sufriendo aquí en Malasia. Para conseguir dinero para comer, me acerqué a un hospital para vender uno de mis riñones, pero me dijeron que la venta de órganos es ilegal en Malasia. Son pocas las opciones que tengo, ya que no tengo permitido trabajar hasta que mi asilo sea aprobado, pero adquirir estas herramientas de supervivencia es muy difícil. Vivo en un pequeño pueblo a 45 kilómetros de la ciudad en una vivienda que me deja a merced de miles de insectos que se alimentan de mi sangre cada noche. Ya no sé que más hacer, ni siquiera tengo jabón para lavar mi ropa. Estoy sentado aquí con este cuerpo moribundo mientras les escribo esta carta. Estoy rezando y estoy llorando. Le estoy pidiendo a DIOS que me ayude. Estoy planeando suicidarme, pero siento que perdería mucho; mis 10 años de estudio, el haber trabajado duro y lo que me ha costado aceptar quien soy. Yo tenía planes, quería escribir libros, quería compartir mis experiencias, quería ayudar a que los gays pudiesen entender un poco más acerca de si mismos. Pero no puedo hacer planes con el estómago vacío, no puedo continuar con esta vida. Necesito la ayuda de ustedes ahora. Todavía soy joven y quiero mantenerme vivo pero no se cómo. Por favor, contáctenme y muéstrenme el camino. AYUDENME AHORA, MAÑANA VA A SER TARDE.


Se los ruego. ESTOY CANSADO.”


© Traducción de Esteban Rico para SentidoG.com


FLEITADAS POR DANIEL FLEITAS

EL LADRILLO BOOMERANG









Aquel día yo venía muy enojado. Estaba fastidioso y todo me molestaba. Mi actitud en el consultorio era quejosa y poco productiva. Detestaba todo lo que hacía y tenía. Pero sobre todo, estaba enojado conmigo. Aquel día sentía que no podía soportar “ser yo mismo”.
—Soy un tonto— dije (o me dije)— Un reverendo imbécil... Creo que me odio.
—Te odia la mitad de la población de este consultorio. La otra mitad te va a contar un cuento.

Había un tipo que andaba por el mundo con un ladrillo en la mano. Había decidido que a cada persona que lo molestara hasta hacerlo rabiar, le tiraría un ladrillazo.
Método un poco troglodita pero que parecía efectivo, ¿no?
Sucedió que se cruzó con un prepotente amigo que le contestó mal. Fiel a su designio, el tipo agarró el ladrillo y se lo tiró.
No recuerdo si le pegó o no. Pero el caso es que después, al ir a buscar el ladrillo, esto le pareció incómodo.
Decidió mejorar el “sistema de autopreservación a ladrillo”, como él lo llamaba:
Le ató al ladrillo un cordel de un metro y salió a la calle.
Esto permitiría que el ladrillo no se alejara demasiado. Pronto comprobó que el nuevo método también tenía sus problemas.
Por un lado, la persona destinataria de su hostilidad debía estar a menos de un metro. Y por otro, que después de arrojarlo, de todas maneras tenía que tomarse el trabajo de recoger el hilo que además, muchas veces se ovillaba y anudaba.
El tipo inventó así el “Sistema Ladrillo III”:
El protagonista era siempre el mismo ladrillo, pero ahora en lugar de un cordel, le ató un resorte..Ahora sí, pensó, el ladrillo podría ser lanzado una y otra vez pero solo, solito regresaría.
Al salir a la calle y recibir la primera agresión, tiró el ladrillo.
Le erró... pero le erró al otro; porque al actuar el resorte, el ladrillo regresó y fue a dar justo en su propia cabeza.
El segundo ladrillazo se lo pegó por medir mal la distancia.
El tercero, por arrojar el ladrillo fuera de tiempo.
El cuarto fue muy particular. En realidad, él mismo había decidido pegarle un ladrillazo a su víctima y a la vez
también había decidido protegerla de su agresión.
Ese chichón fue enorme...
Nunca se supo si a raíz de los golpes o por alguna deformación de su ánimo, nunca llegó a pegarle un ladrillazo a nadie.
Todos sus golpes fueron siempre para él.
—Este mecanismo se llama retroflexión y consiste básicamente en proteger al otro de mi agresividad. Cada vez que lo hago, mi energía agresiva y hostil es detenida antes de que le llegue al otro, por medio de una barrera que yo mismo pongo. Esta barrera no absorbe el impacto, simplemente lo refleja; y toda esa bronca, ese fastidio, esa agresión me vuelve a mí mismo. A veces con conductas reales de autoagresión (daños físicos, comida en exceso, drogas, riesgos inútiles) otras veces con emociones o manifestaciones disimuladas (depresión, culpa, somatización).
Es muy probable que un utópico ser humano “iluminado”, lúcido y sólido jamás se enojara.
Sería útil para nosotros no enojarnos. Sin embargo una vez que sentimos la bronca, la ira o el fastidio, el único camino que los resuelve es sacarlos hacia fuera transformados en acción. De lo contrario lo único que conseguimos, antes o después, es enojarnos con nosotros
mismo.
FLEITADAS POR DANIEL FLEITAS.